viernes, 19 de enero de 2018

La Fornarina Parte III

-Llegó la hora de que me muestres tal como tu me ves, quiero verme en un lienzo, imaginada por tus ojos y con el deseo que me inunda ahora. 

Como él la estaba mirando absorto tras los cristales redondos de sus gafas redondas, alargó su mano y arrastró las suyas, le hizo palpar sus senos y su vientre, echó la cabeza hacia atrás en un gesto instintivo, con el pelo suelto sobre los hombros.
El aspiraba el silencio, disfrutaba del suave aroma a rosas que ella exhalaba, de los temblores solo detectados por las yemas de sus dedos viajeros de su piel, mientras ella lo miraba voluptuosamente.

-Venga se valiente, ahora di que no puedes pintar a la mujer que ya has creado en tu mente. Muéstrame a mi misma tal como tu me ves, tal como me percibes. 

Se habían visto unos cuantos días después del embarazoso incidente del museo y luego de haber tiznado sus muslos con la tiza azul de sus bocetos, cerró los ojos y deslizó las manos por las curvas y los planos de su cuerpo, fluyendo en un viaje por sus poros, la tibieza de su piel, sus brazos, sus muslos, como un ciego ávido de comprobar con el tacto las imágenes, pero ella se desasió no con demasiado ímpetu, a pesar de que estaba desbordada por el deseo que le comía lentamente las entrañas. Su voz sonó mas grave y lenta de lo habitual.

-Nada de caricias, primero el esbozo ¡Empieza! 

-Necesito un tiempo de inspiración.

-No lo necesitas en absoluto, extrae de tu deseo, aquel impulso que te hace crear como solo tu sabes, seduce al papel, 

Laura alargó la mano y le pasó el dedo índice por el cuello lentamente.

-Acaricia la tiza como si fuera mi piel.

El cerró los ojos y tomó la tiza en lo que pareció un gruñido de impaciencia.

-Eres maldita, arpía, cruel e impaciente estás jugando con mis sentimientos.

-Así es, pero tú dibuja y calla

Le besó el lóbulo de la oreja y luego lo mordió suavemente, la fiebre fue repentina, al chico le fallaron las piernas, se sentó sobe sus talones delante de ella con su cuaderno en una mano y en la otra una tiza azul que le manchaba los dedos, primero la atravesó con la mirada, calculando sus proporciones para encajarla en la lámina, por fin empezó a dibujar su manos se movían ligeras sobre el papel, solo se oía el chasquido característico de la tiza sobre la hoja y las rectificaciones con el dedo.
Sus ojos volaban de la página al modelo, su cuerpo quedó plasmado a fuego en su alma, los gestos se volvieron vehementes, su cara enrojeció y el corazón empezó a martillearle el pecho, la excitación sexual se incrementaba exponencialmente mientras apretaba la tiza entre los dedos y la deslizaba sobre el papel a un ritmo, cargado de voluptosidad, mirándola, estudiándola, recreándola, deseándola.

-Quieta, mírame de frente, no respires tan fuerte.

-No puedo contenerme... ¡Me tienes a a mil! 

Sensualidad latente, meras intuiciones, la mente le recordaba esa  piel cálida y tersa, bajo el fino pañuelo de seda que apenas podía disimular sus formas, parecía ahora una Venus ejerciendo el poder imparable de su erotismo, notaba como la sangre fluía vertiginosamente por todo el cuerpo, ardía la mano que sostenía la tiza oprimiéndola con tanta fuerza que la partió en dos, arrojó al suelo los trozos de tiza y el dibujo, se irguió sobre las rodillas, abrazó a Laura por el talle, notó como se estremecía, sus labios acariciaron la piel del escote resiguiendo la curva de sus cálidas y turgentes tetas por el borde de la seda......


Aquella noche no pudo acabar el boceto.





jueves, 18 de enero de 2018

La Fornarina parte II

Se miró los muslos unos trazos azules formaban unas extrañas formas como la hiedra enroscada en dos árboles paralelos, recordó como se habían producido esas marcas que no quería eliminar bajo ningún concepto.

Le costó mucho que sus amigas le dejaran a solas en su habitación, unas invitaciones para una discoteca resolvió el tema, disponía de unas cuantas horas, el sol entraba vacilante por el ventanal de madera. 
Tomó la mano manchada de tiza azul del chico de las gafas redondas, embriagado apretaba a Laura contra el sofá, no el quitó el vestido, levantó su falda y arrojó las bragas rosas de encaje a la alfombra turca, mientras la contemplaba y contemblaba al mismo tiempo.

El triangulo de fino vello que ocultaba un lugar secreto se antojó un objetivo que no podía dejar de mirar, intuía que lo esperaba solo a él. De rodillas asiéndola por las caderas paso la lengua por el interior del muslo hacia arriba muy despacio hasta que Laura suspiró entrecortadamente de indecoroso placer, sus dedos resiguieron la senda trazada por la lengua dejando en la piel una línea de tiza azul la marca de un delicado erotísmo.

Hasta el leve olor a azmicle y rosas de su carne recién lavada era un poderoso excitante 
una gota de sudor se mezclo con la tiza y resbaló hasta el ombligo, dejando una huella azul 
al verla Laura abrió los labios, tuvo un efecto demoledor, desnudos y sudorosos con marcas de tiza azul. 

Sonó el timbre.

-Ya sabes que quiero que me dibujes en un lienzo 'solo' con mi anillo, no que me dibujes a mi misma sobre mi piel.
-Tendrás tu dibujo, tal como te veo, te lo prometo.

Entraron sus amigas y le costó disimular, pero tenía claro que no iba a ducharse en días, ya estaba deseando estar sola y mirar sus trazos azules sobre los muslos y sobre el vientre, que le recordaban las yemas de sus dedos a través de sus colinas y valles palpitantes....





domingo, 14 de enero de 2018

La Fornarina Parte I

-¡Has de pintarme así, cómo ella!

Se giró sobresaltado, él estaba sentado abstraído tomando apuntes al carbón de 'La Fornarina' de Raffaello Sanzio.

Laura estaba con unas amigas en Roma y se había levantado relativamente temprano para pasarse por el 'Palazzo Barberini' y eludir la masa de turistas. Aunque no era uno de sus planes preferidos, nunca sabía cuando iba a poder disfrutarlo, porque sus amigas pasaban olímpicamente del arte, despierta aquella mañana fresca como el rocío, se encajó unos vaqueros, se deslizó en un jersey rojo de hilo y se dirigió al museo, disfrutando en Roma de una mañana soleada, llegó al 'Palazzo' y se encontró con un nutrido grupo de turistas de alegres colores, pero allí delante de un cuadro destacaba un chico moreno, con ropa ancha con unas gafas metálicas, pequeñas y redondas le llamó la atención, iba tomando apuntes con carboncillo en un cuaderno, miró por detrás de su espalda y se sorprendió de la rapidez y habilidad de sus bocetos, la exposición exhibía un conjunto de cuadros de vírgenes, destacaba esta obra de una mujer totalmente sensual, entre Venus renacentistas, ninfas y sátiros, divas barrocas y odaliscas.

Laura seguía hipnotizada a aquel chico disfrutando de su talento y  concentración, cuando estaban delante de 'La Fornarina' se oyó a si m misma aterrorizada, invadiendo su intimidad y haciéndole esa extraña petición. Arrugó los ojos y absolutamente descentrado pudo contestar con una pregunta:

-¿De verdad quieres que yo te haga un boceto desnuda?

-Este cuadro me conmueve es el retrato de una muchacha joven, es un misteriosos desnudo, cubre y enseña sus pechos en el mismo movimiento, esa mirada temerosa y atrevida, parece que sabe el poder infinito de su seducción por 'Rafaello' y esa sonrisa tan  suficiente. Hay una complicidad evidente con el autor que está detrás del caballete colocado delante de ella, una implicación emocional que va más allá de la simple relación artista-modelo, deseo sentirme como ella por un momento.

Siguieron juntos la exposición, mientras él seguía aparentemente distraído con sus apuntes y Laura miraba fascinada como con pocos trazos creaba vida a aquellas mujeres en las hojas de su cuaderno, cuando acabaron de ver la exposición decidieron ir a tomar algo por allí cerca. Entraron en una cafetería, panadería con un expositor con tartas y bollería recién hecha. A los lados y contra los ventanales que daban al 'Palazzo Barberini' había mesas rectangulares de mármol blanco y sillas de hierro forjado negro con unos cojines. Un arco daba paso a otro espacio en el que sólo había dos mesas pequeñas y las puertas de los cuartos de baño. Una de las mesas estaba desocupada y la otra se encontraba en un rincón, resguardada de la panorámica que se divisaba desde el arco que unía las dos salas. Ocuparon esta última y se sentaron uno frente al otro. Pidieron café con leche.

-Me sorprende mucho haber conocido un artista en este museo. Normalmente solo hay turistas ruidosos haciendo fotos.

Dijo Laura.

-Si te digo la verdad, a mí lo museos en general no me interesan nada, prefiero la realidad, a sido casualidad es el único museo que he visitado en mis vacaciones.

Añadió el chico de gafas redonditas con desdén.

-¿Entonces para qué viniste esta mañana?

-No lo sé muy bien, supongo que para que alguien me ofrezca poder dibujar un culo apetecible.

Contestó él sonriendo con una sonrisa descarada mientras ella se unía a su risa algo azorada.

-¿Sabes? Mientras sacaba bocetos, ha habido un momento en la exposición que me ha entrado un sofocó como menopaúsico perdido, la sala llena de desnudos ancestrales, Intentaba leer las reseñas de los cuadros y las veía turbias. Muchos de ellos pertenecieron a los políticos de aquella época y luego apareciste tu por detrás con tu jersey rojo y jeans ceñidos.

- ¿Te los imaginas excitándose con esas musas que posaban como vírgenes?

Preguntó ella divirtiendose con el cariz que estaba dando la conversación.

-No, de momento contigo tengo suficiente.

Laura se puso roja inmediatamente, se sintió desnuda delante de aquel chico que seguramente mentalmente ya había imaginado su cuerpo bajo la camiseta roja, sonrió coqueta y seductora cruzando los brazos encima de la mesa. El escote del jersey resbaló, dejándola con un hombro desnudo que él miró al instante.

-Y luego 'La Fornarina'. He descubierto un detalle fascinante ¿Conoces la historia?

-No, pero no me vayas a aburrir con un cuento mitológico de tres horas.

Contestó el chico de gafas redonditas arrugando la nariz.



La Fornarina  se pintó alrededor de 1518-1519. Representa a una mujer de cabello oscuro con una belleza suave y ojos marrones, pechos desnudos, cubiertos solo por un velo que sostiene su mano derecha y una capa roja cubriendo sus piernas. Representando tres cuartos a la izquierda, la mujer mira hacia la derecha, más allá del espectador, tiene una dulce sensualidad y una luz deslumbrante resaltada por el fondo oscuro. La fama de la obra está ligada al erotismo de la mujer representada, y la firma de Rafael (Rafael VRBINAS) que lleva a cabo en la pulsera, que parece querer decir al mundo entero su vínculo con ella, este mensaje que se consolida con el tiempo.
Al restaurar la obra se descubrió bajo la pintura un anillo pintado que podía indicar un presunto compromiso con el pintor, lo que la hubiera condenado a ella por adulterio.

-¡Interesante! exclamó él tras dar un sorbo al café y devolver la taza a la mesa.

-Lo que he descubierto hoy es que quiero ser pintada así ¿no? se apartó de la mesa y se sentó delante de el, se irguió sobre su espalda e imitó la pose con una bufanda, desnudando un poco mas el hombro y un pañuelo liso rosa que llevaba en el bolso  y se incorpora, sentándose en el borde de su silla, imitando la postura y la mirada.

Él asiente sin inmutarse, tragando saliva.

-Pues bien, con una de sus manos resalta un seno hacia afuera y la otra con el supuesto anillo suponemos que reposa en la ingle. Pero si te fijas, esa mano se ve está colocada en la entrepierna ¿Lo ves? Mira así.

Laura estruja un seno por encima del jersey de hilo, marcando el pezón bajo la tela, abre las piernas y aprieta los dedos contra la tela del pantalón. Al punto, se deja caer sobre el respaldo, y da unos casi imperceptibles golpes de cadera al aire. Pasan unos segundos y se incorpora, se sienta recta como guardando la compostura y se coloca el escote del jersey, que inmediatamente se precipita hombro abajo.
Los ojos que hay tras las gafas redondas  la observan atónitos fijamente. Ella no aguanta la mirada.

-Ven, siéntate aquí.

Le indica él con voz indiferente dándose una palmada en la pierna. Laura duda unos momentos concentrada en el mármol de la mesa, a continuación le ofrece una sonrisa infantil entre pudorosa y atrevida, y finalmente se levanta y se sienta de espaldas a él en su regazo, apoyándose con sus piernas en 'v'. Él acerca su rostro a su cuello y lo huele.

-¿Ahora mee has imaginado desnuda verdad? Lo he notado, he sentido un escalofrío.

-Puedo sentir tu calor a través de tu jersey abierto. ¿Estás húmeda verdad? 

ÉL susurra, ella asiente. Prefiere contestarle con este gesto porque no se atreve a hacerlo con palabras, para que no se note un quebranto en su voz.

-¡Muéstramelo por favor!

-Aquí no puedo 

Dice ella negando con la cabeza. Se hace un silencio.

-Vete al baño y tráeme la prueba. 

Le lanza una mirada penetrante y con un tono de voz seductor. Laura no puede negarse, le sonríe, se levanta sin decir nada y entra en el baño. El chico de las gafas se queda mirando la puerta. No hay expresión en su cara. Unos minutos después Laura sale y se sienta frente a él, se lleva el dedo índice a sus propios labios, saca la punta de la lengua y se relame los labios tímidamente. Para y baja la mirada a la mesa.

-¿Me dejas chuparte el dedo? 

Le pregunta rebajando los la escasa distancia sobre la mesa que los separa. Laura se encoge de hombros, el escote del jersey vuelve a caer indómito, él le agarra la mano con decisión y se la lleva a la nariz. Aspira. Luego juguetea con los dedos, rozándolos con sus labios, y finalmente se los introduce en la boca. Chupa. Con parsimonia, como si no quisiera gastar el sabor. Ella cierra los ojos y empieza a morderse el labio inferior. Su cuerpo empieza a desobedecerla y se contonea ligeramente en la silla. Con la mano libre se aprieta el envés del muslo tirando hacia arriba como intentando abrir su sexo. Su respiración se aligera. 

- ¡Quiero más! 

Le dice abriendo los ojos, el gesto descompuesto.
La musiquilla machacona de un móvil la devuelve de un plomazo a la realidad de la cafetería. El chico de las gafas redondas, se rebusca en los bolsillos del pantalón, saca el teléfono, mira la pantalla, vacila unos momentos y lo coge.

-Dime. ... Si sí, ya lo sé, pero me ha llamado la atención la exposición de Palazzo Barberini y he entrado a verla.... ¡Que no!, ¿cómo voy a dejarte tirada? Vale, lo compraré. ... bueno, buscaré el pan de chapata donde sea .... No, no te preocupes que no me olvido .... No sé, media hora o así, lo que tarde en encontrar el pan....Si cariño, ya voy para allá ..... Y yo. ¡Venga, que sí, que no tardo!



domingo, 3 de diciembre de 2017

Esto no es lo que necesito

"Esto no es lo que necesito"



Me quedé helado, no comprendía nada, la frase había sido dicha así sin mas, después de cuatro días festivos en los que nos faltó comunicación. Si la hubiera habido, quizás la frase no se hubiera producido, tal vez se hubiera solo pensado, algunas frases debieran solo pensarse.

No hubo aclaraciones posteriores, después de la terrible frase dijo:

-"Tengo hambre y en consecuencia me voy por un yogur".... 

No volvió, por lo tanto el valor de la frase, pronunciada una hora antes, quedó flotando sin resolver mientras yo esperaba como un tonto la vuelta de su creadora, fue aumentando su valor, ocupándose de invadir lentamente la mente, fagotizando, impidiendo pensar en otra cosa, no pude analizar el significado real de la frase. Aunque estaba claro que era yo el sujeto que daba sentido a la frase.

'No eres lo que necesito' .....La fui transformando para intentar entenderla mejor 
'Tú no eres lo que yo necesito' ..... me retumbaba entre las paredes del cerebro una y otra vez.
'No te necesito', 'Eres prescindible', 'No me importas'.
'Tú no eres lo que yo necesito ahora' .... añadía adverbios, pronombres para que no se transformara en un algo aún mas terrible:

No eres interesante ....
No eres interesante para mi ....
Tú no eres interesante para mi ....
Tú no eres interesante en general, por lo tanto no te necesito ....
Ahora, tu no me interesas .....

Y de esta forma abrir la puerta a poder ser interesante para otros, o incluso llegar a ser interesante en otro momento, lo cuál abre también otra vía interpretativa.

Ahora hay alguien que me interesa mas que tú, a mi.

El asunto mejoraba, puesto que entonces a lo mejor si podía ser interesante para alguien algo, en una hipotética escala de valores. No estaba todo perdido quizás yo le interesara a alguien en general y quizás descubriera a ese alguien, desde luego al menos ya podía descartar a una persona a la cuál no intereso, lo cual es de agradecer.

Este entretenimiento mental con idas y venidas mitigó una gran decepción.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Nunca pensé que estrellarme voluntariamente fuera la única solución, eran días de canícula y estábamos perezosos como 'perros sin aliento', de modo que para refrescarnos, bajábamos al muelle del puerto pesquero, en el pueblo donde coincidíamos durante las vacaciones estivales, desde hace unos días, hacíamos el mismo trayecto en una vieja bici, nos divertía hacerlo así, ella se acomodaba en la barra, juntando las piernas y entonces se dejaba caer hacia atrás, hasta que su espalda utilizaba mi pecho como tope y cómodo respaldo, su cuello quedaba cerca de mi rostro, su cabello suave y dorado azotaba levemente mi cara, debido a la temperatura, amplificaba el perfume de su piel que acababa invadiéndome, era un comportamiento anunciado, me alteraba, el corazón bombeaba fuerte, mi respiración se volvía más frecuente y profunda, mi torax balanceaba su espalda en movimientos cada vez más amplios, se unía el esfuerzo del pedaleo a las sensaciones y sueños que me producía esa mujer, a ella le divertía la situación y acomodaba aún más su espalda contra mi pecho.......


-¡ Frena, frena, frenaaaaaaaaaaaaaa !!!


Nuestros cuerpos estaban ligeramente sudorosos por el inmenso calor, esta vez en lugar de agarrarse al manillar, sus manos se deslizaron a mis antebrazos, los palpaban, en cada pequeño bache sus manos resbalaban y se acababan encontrando con las mías, lo cuál me impedía dirigir la máquina y frenar con comodidad, nos tambaleábamos ligeramente, toda la bici crujía, sonreía con complicidad y volvía a subir las manos lentamente, el caso es que antes de llegar a una pequeña cuesta abajo, que me permitiera dejar de pedalear, se le escaparon dos casi inaudibles gemidos profundos, luego se puso a bromear y a reír nerviosa, disimulando en parte, su voz es muy cantarina como el agua y muy femenina, me intimida el poder que tienen sus miradas furtivas y sus sonrisas maliciosas, ella sabe lo nervioso que puede ponerme y disfruta con ello, me intimidaba bastante, siempre me había dedicado un gesto, una caída de ojos, una mueca.
La última vez un cruce de piernas con una falda blanca de lino, entonces me dedicaba una sonrisa y yo apartaba la vista, ligeramente avergonzado. Entonces ella divertida ´mientras me ponía rojo como un tomate me decía:

-¿Me has visto las bragas eh?¿No te da vergüenza?

Estaba pillado por ella, a ella le divertía saber que me gustaba y jugaba con eso, me volvía loco esa forma de ser, de modo que ahora en mi interior, pensaba que ahora ella se estaba recreando de mi erotizado estado, la verdad es que cada vez que se estiraba hacia atrás notaba el bulto de mi verga contra su espalda, cada vez más prominente, casi a punto de salir por encima de mis jeans, en lugar de aplacarme, me rozaba con su nuca sudorosa el rostro y notaba mi aliento jadeante en su cuello mojado, por el pedaleo y por sentirla entre mis brazos entonces echaba sus nalgas hacía atrás notando como mi polla crecía cada vez más, gimiendo disimuladamente y apretando mas fuerte sus manos.

El caso es que yo estaba en una situación dificil, no sabía que hacer, estaba quedando fatal, como un 'salido', como un hombre que no puede controlar sus impulsos, explicarle lo que me apetecía en aquél momento era absurdo, no podía articular palabra, porque de mi boca solo salían gemidos y voces rotas, ella se había dado cuenta de que estaba terriblemente empalmado, me daba conversación y solo podia contestar monosílabos, seguramente se reiría de mi puesto que ...... yo era como un pequeño pelele, su juguetito de aquella tarde insoportablemente calurosa.


Por lo tanto tomé una decisión radical, decidí estrellarnos, era la situación menos mala, el camino atravesaba un campo de amapolas, un campo que parecía blandito, una buena pista de aterrizaje, de modo, que fingiría un despiste y ahí acabaría esta situación tan comprometida, con el impacto desaparecería la excitación y además de propina surgiría otro tema de conversación y nos olvidariamos del tema.


Dicho y hecho, giré el manillar bruscamente, a pesar de sus gritos de espanto y su rostro desencajado, salimos del camino y después de varias divertidas volteretas fuimos a parar a un campo blandito y lleno de amapolas, pero las cosas no fueron como me esperaba ......















Al incorporarse después del morrazo, se desabrochó la blusa para colocársela bien, pero al ver que la estaba mirando desde el suelo, la abrió y empezó a sacarse lentamente las tetas fuera del sujetador, estaba mordiéndose el labio inferior mientras me miraba, luego dejó caer la parte inferior de su vestido, que curiosamente se combinaba entre las amapolas y se sacó las braguitas dejándolas en una pierna hasta la mitad del muslo.

Tenía unos hermosos pezones marrones, estaban empitonados, los miré descaradamente, me gustaba el contraste contra las flores, invitaban a besarlos. Luego la desnudez de su sexo sonrosado, allí en medio de la verde hierba compitiendo con los pétalos de colores, era como una explosión de belleza, sin mediar palabra pero con una sonrisa pícara, se acercó bajó la cremallera de mi bragueta, a pesar del braslip no podía disimular mi descomunal erección, con los dedos liberó mi polla que salió a recibirla como un muelle, y se quedó como un periscopio, la agarró con la mano izquierda.



En primer lugar peló el tronco lo justo hasta que asomará el casquete esférico superior del glande y acarició con la lengua el reborde de la piel, luego el orificio, solo con la punta de la lengua, llenándolo de saliva, luego bajó un poco más la piel cerré los ojos instintivamente, sentí de nuevo su lengua carnosa, mi capullo húmedo, granate brillante se hinchaba por momentos, emergiendo entre sus dedos con vida propia, podía notar las palpitaciones de las venas como golpeaban su mano ahuecada, ella bajó un milímetro más la piel, repasando de nuevo aquella esfera con la lengua, metiéndola en la boca y sacándola, su boca se adaptaba para que no notara apenas presión, al entrar y salir notaba sus labios calientes bañados de saliva, mi falo estaba ya super gordo con palpitaciones, ella siempre bajando un poco más de piel.... 

Me estaba matando y era consciente de ello.
La metió entera en la boca y comenzó a mamarla con una cadencia lenta, cerrando los labios cuando subía y relajándolos cuando se autopenetraba de nuevo. Su lengua no dejaba de moverse en círculos sobre mi glande. Agarré con fuerza la maleza llena de espinas, apenas sentí los pinchazos en las manos, apretándolas con toda mi fuerza, mis músculos estaban a punto de explotar, me incorporé entre los pétalos de amapolas y la miré a los ojos estaba disfrutando del espectáculo que me ofrecía.

Mi tranca parecía un tallo de árbol más entre aquel paisaje de flores rojas, sus labios me parecían pétalos, eran suaves, me estaba comiendo la polla con delectación, saboreándola, notaba como mi glande rozaba su paladar, la lengua, las mejillas por dentro, la veía entrar y salir en su boca y seguía sus movimientos, me gustaba sentir que lo que se movía dentro de su boca, era mio, pero desde luego yo no ejercía ningún control, cada movimiento era más sensual que el anterior, como si comiera un helado delicioso y la crema saliera por la comisura de los labios, haciendo de su boca un instrumento de placer tan satisfactorio o más que su propio coño.


Buffff sabía hacerlo muy bien. Estaba consiguiendo ponerme en un estado previo a la eyaculación, cuando se contraen los músculos y parece que la cadera se levanta al encuentro de esa boca, que está sorbiéndote y sientes que de un momento a otro vas a vaciarte en su interior sin que puedas retrasarlo ni evitarlo, ni maldito deseo de hacerlo. Se había adueñado de mi y de mi propio orgasmo, ambos notábamos mis convulsiones incontroladas, estaba a punto de explotar en su boca.


Hice un esfuerzo desesperado la tomé de las caderas con fuerza la levanté y la coloqué de modo que mi cabeza estaba entre sus muslos con sus braguitas bajadas, mi lengua entró con fuerza en su vulva hinchada, me transmitió su calor, estaba mojadísima y la lengua resbaló hacia su interior, de modo que ahora cuando ella succionaba mi polla, yo metía la lengua con fuerza en su raja, notaba como se expandia y como parecia que se separara de mi, saboreando sus flujos, ya no era consciente de mis actos, me sentía en el vacio, oía sus gritos y sus convulsiones, de modo que dejó de controlar la situación, mi lengua y mis labios trazaron el camino de sus labios vaginales. Su aroma era muy excitante y su humedad un néctar que invadió mi paladar.


Estuve recorriéndola de arriba a bajo y vuelta empezar. Paraba a veces en su clítoris y mis labios se curvaban para abarcarlo y lamerlo más intensamente. Sus manos estaban acariciando mis huevos, cogía uno con cada mano, abarcándolos y de tanto en tanto, los apretaba con fuerza......Seguí chupando y comiéndome esa cueva del placer mientras mis dedos exploraban su culo y su coño, abriendo los labios, dilatando, acariciando las nalgas.
Hasta que sentí, cómo sus gemidos subían de volumen y sus caderas y piernas comenzaban a tener un tembleque incontrolado, palpitaba como un motor renqueante, entonces ella añadió un movimiento inesperado con su mano a lo largo de todo el tronco del pene, fue cuestión de segundos que mi semen volara.


Noté todo su recorrido por mi interior, se aceleraba frenéticamente, provocando una corriente eléctrica seguida de unas convusiones y unos gritos que no pude contener, abrió la boca lo justo para que la primera descarga se desparramara por su lengua y se perdieran en su interior las siguientes.


No dejó de acariciarme la polla hasta que las últimas gotas pendían de la punta, entonces cerró nuevamente sus labios alrededor y succionó hasta llevarse todo el semen restante.


Acto seguido noté sus espasmos salvajes, mi orgasmo hizo que encadenara el suyo, nos perdimos el uno en el otro mientras ella se aferraba a mi espalda en pleno éxtasis y yo llenaba sus entrañas con un grito gutural.





Quedamos exhaustos tumbados boca arriba, sin hablar, mirando el azúl del cielo limpio.

Al cabo de unos minutos se me acercó, levantó su falda de nuevo y se sentó a horcajadas sobre mí. Tomó mi cara con las dos manos y volvió a comerme la boca, me mordió los labios, me succionó con frenesí creciente. La abracé con no menos deseo.


Sentí sus pechos aplastarse contra los mios y sus piernas cerrarse sobre mi cintura.


Susurré su nombre mientras mis manos recorrían sus costados, se echó atrás arqueándose como un junco, dejándome hacer y mirándome con expresión extraviada, me incorporé sobre mi mismo. Comenzó a gemir cuando alcancé sus pezones y los retorcí suavemente, reaccionaron a mis caricias y se pusieron como piedras. Su pelvis se restregaba de nuevo contra mi tranca, frotándola, lo que provocaba que alcanzara considerables proporciones de nuevo.




Puso uno de sus muslos en mi hombro y me ofreció su vagina totalmente abierta, estaba mojadísima y la vulva hinchada por la excitación, su miraba seguía atravesando mi rostro, como fuera de sí. Qué podía hacer sino follarla ... La penetré con profundidad, empezó a correrse de forma incontenible, esta vez sus temblores, absorvían mi polla hacia su interior, como una ventosa, y cuando el movimiento se agotaba, entonces entraba con fuerza, con ganas de atravesarla, sus dedos engarfiados en mi pelo, estiraban con furia, de repente perdieron la fuerza, mientras los gemidos dieron paso a un instante de silencio y luego un aullido in crescendo, que me confirmó que se estaba corriendo de nuevo ......


Eso fue lo que me hizo explotar salvajemente en su interior.


Luego al ver como había quedado la bici, tuvimos que volver andando ......

;;