domingo, 3 de diciembre de 2017

Esto no es lo que necesito

"Esto no es lo que necesito"



Me quedé helado, no comprendía nada, la frase había sido dicha así sin mas, después de cuatro días festivos en los que nos faltó comunicación. Si la hubiera habido, quizás la frase no se hubiera producido, tal vez se hubiera solo pensado, algunas frases debieran solo pensarse.

No hubo aclaraciones posteriores, después de la terrible frase dijo:

-"Tengo hambre y en consecuencia me voy por un yogur".... 

No volvió, por lo tanto el valor de la frase, pronunciada una hora antes, quedó flotando sin resolver mientras yo esperaba como un tonto la vuelta de su creadora, fue aumentando su valor, ocupándose de invadir lentamente la mente, fagotizando, impidiendo pensar en otra cosa, no pude analizar el significado real de la frase. Aunque estaba claro que era yo el sujeto que daba sentido a la frase.

'No eres lo que necesito' .....La fui transformando para intentar entenderla mejor 
'Tú no eres lo que yo necesito' ..... me retumbaba entre las paredes del cerebro una y otra vez.
'No te necesito', 'Eres prescindible', 'No me importas'.
'Tú no eres lo que yo necesito ahora' .... añadía adverbios, pronombres para que no se transformara en un algo aún mas terrible:

No eres interesante ....
No eres interesante para mi ....
Tú no eres interesante para mi ....
Tú no eres interesante en general, por lo tanto no te necesito ....
Ahora, tu no me interesas .....

Y de esta forma abrir la puerta a poder ser interesante para otros, o incluso llegar a ser interesante en otro momento, lo cuál abre también otra vía interpretativa.

Ahora hay alguien que me interesa mas que tú, a mi.

El asunto mejoraba, puesto que entonces a lo mejor si podía ser interesante para alguien algo, en una hipotética escala de valores. No estaba todo perdido quizás yo le interesara a alguien en general y quizás descubriera a ese alguien, desde luego al menos ya podía descartar a una persona a la cuál no intereso, lo cual es de agradecer.

Este entretenimiento mental con idas y venidas mitigó una gran decepción.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Nunca pensé que estrellarme voluntariamente fuera la única solución, eran días de canícula y estábamos perezosos como 'perros sin aliento', de modo que para refrescarnos, bajábamos al muelle del puerto pesquero, en el pueblo donde coincidíamos durante las vacaciones estivales, desde hace unos días, hacíamos el mismo trayecto en una vieja bici, nos divertía hacerlo así, ella se acomodaba en la barra, juntando las piernas y entonces se dejaba caer hacia atrás, hasta que su espalda utilizaba mi pecho como tope y cómodo respaldo, su cuello quedaba cerca de mi rostro, su cabello suave y dorado azotaba levemente mi cara, debido a la temperatura, amplificaba el perfume de su piel que acababa invadiéndome, era un comportamiento anunciado, me alteraba, el corazón bombeaba fuerte, mi respiración se volvía más frecuente y profunda, mi torax balanceaba su espalda en movimientos cada vez más amplios, se unía el esfuerzo del pedaleo a las sensaciones y sueños que me producía esa mujer, a ella le divertía la situación y acomodaba aún más su espalda contra mi pecho.......


-¡ Frena, frena, frenaaaaaaaaaaaaaa !!!


Nuestros cuerpos estaban ligeramente sudorosos por el inmenso calor, esta vez en lugar de agarrarse al manillar, sus manos se deslizaron a mis antebrazos, los palpaban, en cada pequeño bache sus manos resbalaban y se acababan encontrando con las mías, lo cuál me impedía dirigir la máquina y frenar con comodidad, nos tambaleábamos ligeramente, toda la bici crujía, sonreía con complicidad y volvía a subir las manos lentamente, el caso es que antes de llegar a una pequeña cuesta abajo, que me permitiera dejar de pedalear, se le escaparon dos casi inaudibles gemidos profundos, luego se puso a bromear y a reír nerviosa, disimulando en parte, su voz es muy cantarina como el agua y muy femenina, me intimida el poder que tienen sus miradas furtivas y sus sonrisas maliciosas, ella sabe lo nervioso que puede ponerme y disfruta con ello, me intimidaba bastante, siempre me había dedicado un gesto, una caída de ojos, una mueca.
La última vez un cruce de piernas con una falda blanca de lino, entonces me dedicaba una sonrisa y yo apartaba la vista, ligeramente avergonzado. Entonces ella divertida ´mientras me ponía rojo como un tomate me decía:

-¿Me has visto las bragas eh?¿No te da vergüenza?

Estaba pillado por ella, a ella le divertía saber que me gustaba y jugaba con eso, me volvía loco esa forma de ser, de modo que ahora en mi interior, pensaba que ahora ella se estaba recreando de mi erotizado estado, la verdad es que cada vez que se estiraba hacia atrás notaba el bulto de mi verga contra su espalda, cada vez más prominente, casi a punto de salir por encima de mis jeans, en lugar de aplacarme, me rozaba con su nuca sudorosa el rostro y notaba mi aliento jadeante en su cuello mojado, por el pedaleo y por sentirla entre mis brazos entonces echaba sus nalgas hacía atrás notando como mi polla crecía cada vez más, gimiendo disimuladamente y apretando mas fuerte sus manos.

El caso es que yo estaba en una situación dificil, no sabía que hacer, estaba quedando fatal, como un 'salido', como un hombre que no puede controlar sus impulsos, explicarle lo que me apetecía en aquél momento era absurdo, no podía articular palabra, porque de mi boca solo salían gemidos y voces rotas, ella se había dado cuenta de que estaba terriblemente empalmado, me daba conversación y solo podia contestar monosílabos, seguramente se reiría de mi puesto que ...... yo era como un pequeño pelele, su juguetito de aquella tarde insoportablemente calurosa.


Por lo tanto tomé una decisión radical, decidí estrellarnos, era la situación menos mala, el camino atravesaba un campo de amapolas, un campo que parecía blandito, una buena pista de aterrizaje, de modo, que fingiría un despiste y ahí acabaría esta situación tan comprometida, con el impacto desaparecería la excitación y además de propina surgiría otro tema de conversación y nos olvidariamos del tema.


Dicho y hecho, giré el manillar bruscamente, a pesar de sus gritos de espanto y su rostro desencajado, salimos del camino y después de varias divertidas volteretas fuimos a parar a un campo blandito y lleno de amapolas, pero las cosas no fueron como me esperaba ......















Al incorporarse después del morrazo, se desabrochó la blusa para colocársela bien, pero al ver que la estaba mirando desde el suelo, la abrió y empezó a sacarse lentamente las tetas fuera del sujetador, estaba mordiéndose el labio inferior mientras me miraba, luego dejó caer la parte inferior de su vestido, que curiosamente se combinaba entre las amapolas y se sacó las braguitas dejándolas en una pierna hasta la mitad del muslo.

Tenía unos hermosos pezones marrones, estaban empitonados, los miré descaradamente, me gustaba el contraste contra las flores, invitaban a besarlos. Luego la desnudez de su sexo sonrosado, allí en medio de la verde hierba compitiendo con los pétalos de colores, era como una explosión de belleza, sin mediar palabra pero con una sonrisa pícara, se acercó bajó la cremallera de mi bragueta, a pesar del braslip no podía disimular mi descomunal erección, con los dedos liberó mi polla que salió a recibirla como un muelle, y se quedó como un periscopio, la agarró con la mano izquierda.



En primer lugar peló el tronco lo justo hasta que asomará el casquete esférico superior del glande y acarició con la lengua el reborde de la piel, luego el orificio, solo con la punta de la lengua, llenándolo de saliva, luego bajó un poco más la piel cerré los ojos instintivamente, sentí de nuevo su lengua carnosa, mi capullo húmedo, granate brillante se hinchaba por momentos, emergiendo entre sus dedos con vida propia, podía notar las palpitaciones de las venas como golpeaban su mano ahuecada, ella bajó un milímetro más la piel, repasando de nuevo aquella esfera con la lengua, metiéndola en la boca y sacándola, su boca se adaptaba para que no notara apenas presión, al entrar y salir notaba sus labios calientes bañados de saliva, mi falo estaba ya super gordo con palpitaciones, ella siempre bajando un poco más de piel.... 

Me estaba matando y era consciente de ello.
La metió entera en la boca y comenzó a mamarla con una cadencia lenta, cerrando los labios cuando subía y relajándolos cuando se autopenetraba de nuevo. Su lengua no dejaba de moverse en círculos sobre mi glande. Agarré con fuerza la maleza llena de espinas, apenas sentí los pinchazos en las manos, apretándolas con toda mi fuerza, mis músculos estaban a punto de explotar, me incorporé entre los pétalos de amapolas y la miré a los ojos estaba disfrutando del espectáculo que me ofrecía.

Mi tranca parecía un tallo de árbol más entre aquel paisaje de flores rojas, sus labios me parecían pétalos, eran suaves, me estaba comiendo la polla con delectación, saboreándola, notaba como mi glande rozaba su paladar, la lengua, las mejillas por dentro, la veía entrar y salir en su boca y seguía sus movimientos, me gustaba sentir que lo que se movía dentro de su boca, era mio, pero desde luego yo no ejercía ningún control, cada movimiento era más sensual que el anterior, como si comiera un helado delicioso y la crema saliera por la comisura de los labios, haciendo de su boca un instrumento de placer tan satisfactorio o más que su propio coño.


Buffff sabía hacerlo muy bien. Estaba consiguiendo ponerme en un estado previo a la eyaculación, cuando se contraen los músculos y parece que la cadera se levanta al encuentro de esa boca, que está sorbiéndote y sientes que de un momento a otro vas a vaciarte en su interior sin que puedas retrasarlo ni evitarlo, ni maldito deseo de hacerlo. Se había adueñado de mi y de mi propio orgasmo, ambos notábamos mis convulsiones incontroladas, estaba a punto de explotar en su boca.


Hice un esfuerzo desesperado la tomé de las caderas con fuerza la levanté y la coloqué de modo que mi cabeza estaba entre sus muslos con sus braguitas bajadas, mi lengua entró con fuerza en su vulva hinchada, me transmitió su calor, estaba mojadísima y la lengua resbaló hacia su interior, de modo que ahora cuando ella succionaba mi polla, yo metía la lengua con fuerza en su raja, notaba como se expandia y como parecia que se separara de mi, saboreando sus flujos, ya no era consciente de mis actos, me sentía en el vacio, oía sus gritos y sus convulsiones, de modo que dejó de controlar la situación, mi lengua y mis labios trazaron el camino de sus labios vaginales. Su aroma era muy excitante y su humedad un néctar que invadió mi paladar.


Estuve recorriéndola de arriba a bajo y vuelta empezar. Paraba a veces en su clítoris y mis labios se curvaban para abarcarlo y lamerlo más intensamente. Sus manos estaban acariciando mis huevos, cogía uno con cada mano, abarcándolos y de tanto en tanto, los apretaba con fuerza......Seguí chupando y comiéndome esa cueva del placer mientras mis dedos exploraban su culo y su coño, abriendo los labios, dilatando, acariciando las nalgas.
Hasta que sentí, cómo sus gemidos subían de volumen y sus caderas y piernas comenzaban a tener un tembleque incontrolado, palpitaba como un motor renqueante, entonces ella añadió un movimiento inesperado con su mano a lo largo de todo el tronco del pene, fue cuestión de segundos que mi semen volara.


Noté todo su recorrido por mi interior, se aceleraba frenéticamente, provocando una corriente eléctrica seguida de unas convusiones y unos gritos que no pude contener, abrió la boca lo justo para que la primera descarga se desparramara por su lengua y se perdieran en su interior las siguientes.


No dejó de acariciarme la polla hasta que las últimas gotas pendían de la punta, entonces cerró nuevamente sus labios alrededor y succionó hasta llevarse todo el semen restante.


Acto seguido noté sus espasmos salvajes, mi orgasmo hizo que encadenara el suyo, nos perdimos el uno en el otro mientras ella se aferraba a mi espalda en pleno éxtasis y yo llenaba sus entrañas con un grito gutural.





Quedamos exhaustos tumbados boca arriba, sin hablar, mirando el azúl del cielo limpio.

Al cabo de unos minutos se me acercó, levantó su falda de nuevo y se sentó a horcajadas sobre mí. Tomó mi cara con las dos manos y volvió a comerme la boca, me mordió los labios, me succionó con frenesí creciente. La abracé con no menos deseo.


Sentí sus pechos aplastarse contra los mios y sus piernas cerrarse sobre mi cintura.


Susurré su nombre mientras mis manos recorrían sus costados, se echó atrás arqueándose como un junco, dejándome hacer y mirándome con expresión extraviada, me incorporé sobre mi mismo. Comenzó a gemir cuando alcancé sus pezones y los retorcí suavemente, reaccionaron a mis caricias y se pusieron como piedras. Su pelvis se restregaba de nuevo contra mi tranca, frotándola, lo que provocaba que alcanzara considerables proporciones de nuevo.




Puso uno de sus muslos en mi hombro y me ofreció su vagina totalmente abierta, estaba mojadísima y la vulva hinchada por la excitación, su miraba seguía atravesando mi rostro, como fuera de sí. Qué podía hacer sino follarla ... La penetré con profundidad, empezó a correrse de forma incontenible, esta vez sus temblores, absorvían mi polla hacia su interior, como una ventosa, y cuando el movimiento se agotaba, entonces entraba con fuerza, con ganas de atravesarla, sus dedos engarfiados en mi pelo, estiraban con furia, de repente perdieron la fuerza, mientras los gemidos dieron paso a un instante de silencio y luego un aullido in crescendo, que me confirmó que se estaba corriendo de nuevo ......


Eso fue lo que me hizo explotar salvajemente en su interior.


Luego al ver como había quedado la bici, tuvimos que volver andando ......

sábado, 25 de noviembre de 2017

Cada vez que te leo y prometí que no lo haría, te imagino mientras el tiempo se detiene y me dice adiós con educación infinita, entonces mis labios se van transformando en un río reseco en mitad del desierto, al que el sol acaba por acartonar por completo hasta dejarlo como una gigantesca grieta en un árido paisaje, que el viento terminará por erosionar, soy como la tierra seca que queda exhausta después de los cultivos y necesita absorber el agua de las gotas de lluvia, mis labios necesitan de los tuyos si no quieren morir.

Una mirada lanza un anzuelo a ese mar que es el terreno que pisas, en el que tu eres el manjar que añoro, mi mirada queda anclada en las curvas interminables de tu cuerpo, con las redes del eros intento rescatarte de la inmensidad del océano, pero tú te me escapas una y otra vez y vuelves al profundo azul. Tus largas piernas van transformándose en la cola de sirena que se arquea una y otra vez y provoca maremotos de confusión en mi cerebro.


Ahora estoy hipnotizado. 

Me acaricias con tus guantes de seda pura, como tu manceba sangre de mujer enamoradiza, pero me doy cuenta de que no llevas en tus manos más que tu piel suave de flores del paraíso, acercas tu rostro al mío y noto que mi cuerpo se yuxtapone frente a un volcán en erupción, eres puro calor, mi sangre hierve al son del fuego lento que es el beso que me regalas. 


Un beso, me lo debías.
¿Te acuerdas? 

Tus delicados labios ya sueñan sobre los míos. El suelo se quiebra y las paredes de la habitación estallan para transportarnos a un vacío de color blanco, todo blanco, donde tú y yo flotamos, vagando sin rumbo, y nos zambullimos en la infinidad de los siglos, perdiéndonos en el polvo sin fin de los milenios, diluyéndonos en la inmensidad de los millones y millones de años en los que nuestro amor perdurará. 


Perdurará para siempre. 

Pues el tiempo contigo se ha detenido, ha parado, ya que ha derramado lágrimas de plata al ver que los sueños de un hombre enamorado se han hecho realidad. Pero el hombre enamorado no ha hecho más que soñar que estaba soñando, se despierta como tantas otras veces de su doble sueño, llorando desconsoladamente como dicta la malvada frustración que sufre. Tal vez un día tantee su pecho con la mano y descubrirá que su corazón ha implosionado en mil pedazos, en cada uno de los cuales ha quedado patente un pequeño fragmento, una leve impresión, una pequeña marca de aquél beso que un día, la mujer de sus sueños le regaló.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Noche entre las ninfas

La visión de ella desnuda en cuclillas........



Escondida entre los árboles, con la mirada desafiante me paralizó.
Estaba nadando, en aquel rincón perdido en medio de la nada, mi ropa cuidadosamente doblada entre unos matorrales, el agua transparente dejaba ver mi desnudez, cristalina y fresca, los rayos de sol, habían abrasado mi cuerpo y la sensación era agradable....
Miré distraído hacia la orilla de aquel pequeño lago natural, rodeado de árboles altísimos, en medio del silencio roto por los silbidos de aves parlanchinas, el reflejo de la luz brillaba como cuchillos afilados a través de las hojas danzantes, semicerraba los ojos, desfigurando un tanto la escena y fantaseando.

Siempre me han fascinado las luces y las sombras pero los centelleos marinos me hipnotizan, esos brillos se mezclaron con su imagen de ninfa salvaje, creando una fuerza de ultramundo como un telón que anuncia una obra excelente....en esos momentos presagias, que lo que viene, va a ser sorprendente, de momento estaba ahí agachada, desnuda, en cuclillas, mirando con la vista pérdida, entonces surgiendo en medio de la presión del silencio se produjo el milagro, un momento de catarsis de unión con lo sobrenatural. 
La belleza de un instante fugaz que nunca volverá pero será sustituido por otro. Hasta las motas de polvo, suspendidas en el aire, como espejos vibrantes devolviendo la amplitud de los rayos, como las luces de los focos de un escenario, absorven mi atención, quisiera tener el poder de retener está visión, seguramente es una alucinación provocada por el cansancio, de modo que seguí mirándola entre curioso y desafiante esperando que se desvaneciese.-Es mi rincón y tú lo has descubierto ahora.-Vaya, eso mismo iba a decirte yo, pensaba que era solo mio, bañarme rodeado de esta soledad, de este silencio, mirar las formas de las nubes, perderme con las ondulaciones de las hojas por el viento... -Pues tendrás que compartirlo si no te importa. 

Nadó hacia mi, se movía agilmente y se acercó, ahora en su cara se dibujaba con la mueca del inicio de una sonrisa, una mueca graciosa que abría un portal hacia sus profundidades.



-¿Te podría pedir algo?
-Depende.
-Es mi cumpleaños y tu representas el único hombre al que tengo acceso en mucho tiempo y no se cuando volverá a pasar eso.
¿Te importaría besarme?
Me quedé atónito, mientras me hablaba, había depositado una mano, que resbalaba mojada por mi antebrazo, más bien parecía una caricia. Sentí un estremecimiento.

La besé suavemente en los labios, noté el sabor dulce del agua del remanso y el sabor y la tibieza de su lengua, otra vez los tintineos brillantes sobre el agua y las motas de polvo brillantes, parecieron unirse en aquel beso delicioso, me parecía estar rodeado de luces y diamantes.......

domingo, 3 de septiembre de 2017

Querido autor de 'Hablando del Asunto'
Perdone que me permita dirigirme a vd. 
de este modo tan impropio
pero necesito transmitirle mi admiración 
por su escritura tan florida,
como lectora amante de las emociones fuertes
y buena literatura, 
permítame como muestra de agradecimiento 
invitarle a una pequeña sorpresa
que espero resulte de su agrado.
Se la entregaré en mano 
mañana a las 12 de la noche.
Saludos cordiales Leila.


Bajo la puerta dentro de un sobre, la nota manuscrita con una exquisita caligrafía en oscura tinta azul sobre un papel apergaminado, mi primer pensamiento fue que me habían gastado una broma, pero se impuso la vanidad de tener algún anónimo lector, es evidente que este blog está suspendido en el vacío, las estadísticas así me lo indican, tener un lector al que le gusten mis ocurrencias me llenó de perplejidad y si además se toma la molestia de averiguar mi domicilio y enviarme una nota en lugar de comentar que es mucho mas práctico, reconozco que provocó en mi estado de ánimo una expectación creciente.

En la noche del día siguiente a las 12.03 estaba leyendo en el sofá y ya descartaba la sorpresa prometida en aquella nota, cuando de repente retumbaron tres golpes secos en la puerta, que me llenaron de inquietud, apareció un hombre de pelo muy blanco de unos 50 años impecablemente vestido que de una forma educada se presentó y me dijo que si aceptaba recibiría mi sorpresa ahora mismo.

Al preguntar en que consistía respondió que no podía desvelarla sin haberla aceptado a lo que asentí, entonces me acompañó a la sala me hizo sentar en el sofá, se giró sobre sus talones apagó la luz y se retiró misteriosamente.  

La habitación estaba a oscuras el silencio pastosos y la espera se hizo eterna, estaba sentado en el salón y la puerta de entrada abierta, no pasaba nada, mi curiosidad me había dejado en una situación complicada a merced de ladrones o asesinos que harían su trabajo con toda comodidad pero algo sucedió ........

Estuve un minuto en silencio hasta que oí el chasquido metálico de la cerradura y el sonido del giro de la llave al cerrarse, el horror se apoderó de mi, estaba encerrado en mi propia casa, a merced de desconocidos, mis ojos estrujaban la penumbra y en medio de mi perplejidad apareció su silueta recortada en el quicio de la puerta, se había desplazado con tanto silencio y armonía que dudaba que rozase el suelo.
Noté el brillo de dos ojos totalmente claros y unos dedos blancos acabados en uñas perfectamente pintadas de negro contrastando en el marco de la puerta.






Me levanté para recibirla, quise hablar, pero me salió un ridículo hilillo de voz.

-¿Laia?¿Leila?¿Lola? 

Olvidé su nombre. Ella sonrió sin contestar.

El nerviosismo no me dejaba ni pensar ni hablar con la corrección que exigía el momento. Ella mostró sus sonrisa plateada entre labios carnosos pintados de un granate muy oscuro.
Su pelo era de un blanco platino deslumbrante, los ojos destacaban entre la oscuridad de unas pestañas increíblemente largas.

Se movía con la coordinación de un gato gigante en un espacio de gravedad cero, una vez mas cerca, el blanco de su piel parecía dotado de luz propia, al acercarse la raja central de su vestido negro azabache deja entrever unas medias de seda con encajes de color negro que adornaban unas piernas de formas perfectas cuyo nacimiento quedaba abierto a la imaginación mas osada y su final lo tachonaban unos tacones de punta infinitesimal.

Debo reconocer que me costaba respirar, hipnotizado por aquellas piernas que surgían de la cueva del infierno, nunca había visto nada tan excitante y que al mismo tiempo me aterrorizara tanto. 
Ella colocó su mano lentamente sobre mi pecho a la altura del corazón y empujó con precisión absoluta para que cayera sobre el sofá, literalmente de culo, la luz de la luna que se filtraba por las ventanas acariciaba el perfil de su cuerpo y su vestido se abrió ligeramente al acercarse a mi posición, mi rostro y mis labios quedaron a la altura de su vientre desnudo e inconscientemente la besé bajo el ombligo y acaricié su piel con mi mejilla como cachorro necesitado de caricias, se arrodilló frente a mi y con inaguantable pereza me lamió los dedos de la mano de uno en uno.

Me miraba con complicidad y empezó a quitarme la camiseta por arriba con una lentitud pasmosa, quise ayudarla pero me apartó las manos.

-Ni hablar 

Cuando estaba con el torso desnudo se inclinó y me lamió los labios con su lentitud desesperante.

-Te toca desnudarme, pero si quieres conservarme hazlo muy despacio tanto como puedas.

La desnudé despacio y de regalo con un tembleque incontrolado en la yema de los dedos que ya no me abandonó hasta que quedó deshojada totalmente, excepto por aquellas medias que me fascinaban y que serían motivos de mis sueños hasta el fin de mi existencia.
Acercó sus labios a mi oído y susurró:

-Acaríciame, soy tu juguete.

Las caricias sucedieron a besos en un ritmo lleno de correspondencias, cada caricia era respondida con suaves gemidos que me guiaban hasta tal punto que mis manos quedaron desconectadas del cerebro y operaban por una intuición desconocida.
Luego me hizo tenderme sobre el sofá y me cubrió con su propio cuerpo como una sábana, no notando su peso pero provocando que mis poros hirvieran de deseo ante la tibieza de su piel.
Posé mis manos en su espalda y recorrí la línea milagrosa de su columna apretándola ligeramente contra mi y dejando que su piel invadiera la mía como una batalla de poros ardientes y sudorosos.

Nuestros rostros estaban otra vez muy cerca y me hizo desaparecer del mundo al posar sus labios sobre los míos, como adivina milagrosa anticipaba mis movimientos y guiaba mis manos por su cuerpo sin prisa y sin pudor, se dejaba hacer y a su vez adivinaba las caricias que yo deseaba en tiempo y forma sin que mediaran palabras, el miedo dio paso a la ternura con una fluidez inexplicable.

Cuando apenas podía respirar, me dejo apoyar la cabeza sobre su pecho y me acarició el pelo durante un largo silencio hasta que se cerraron mis ojos soñando entre sus brazos y la mano entre sus muslos.

Al despertar estaba solo, eché de menos aquella piel pero entre los dedos tenía otra nota en el mismo tipo de papel y con la misma caligrafía.

Querido......
Espero que a partir de ahora no me castigue vd.
con otro periodo tan largo de ausencia literaria 
Prométame continuidad en el blog 
 del que parece ya soy la única seguidora.
Cuando vuelva a escribir tendremos si así lo desea
otro encuentro misterioso, 
quedo a la espera de su pronta escritura
Saludos cordiales Leila.
  

Quizás a algún malpensado le pueda parecer un poco interesado por mi parte que haya escrito otro post ¿no?

lunes, 22 de mayo de 2017

I can't get no, oh, no, no, no, hey, hey, hey 
That's what I say 
I can't get no satisfaction, I can't get no satisfaction 

'Cause I try and I try and I try and I try…

Con esta letra The Rollings Stones en 1965 lanzó una de las versiones de rock mas versionadas a lo largo de la historia, en algunas de las cuales cuesta encontrar similitudes con el original.
Ksenona

Britney Spears

Otis redding

Samantha Fox

Aretha Franklin

Blue Cheer

Cat Power

Björk

The Residents

Devo

Gloria Trevi

Rollings Stones

sábado, 13 de mayo de 2017

-Com faces per ballar amb algú?
-Es fácil la miras a los ojos y se lo pides
-I Si no vol pas?
-Pues pruebas con otra chica, aquí deben haber aproximadamente unas 160 personas, de las cuales 80 son chicas, solo tienes que hacer entre 1 y 80 peticiones, cuestión de estadística.

Mentí, eso era lo que hacía yo al principio, pero mas adelante descubrí un método mas eficaz, agarrar del brazo mientras lo pides y estirar primero suavemente y luego con decisión hasta que la víctima prefiera bailar a que le disloquen el brazo o se quede en el centro de la pista con silla y todo.
Eso si después del primer baile, dejo un espacio de tiempo para que haya una posibilidad de rescindir el compromiso de seguir bailando, pero no suele ocurrir, el miedo a otro tirón hace su efecto.

Pero mi amigo y compañero de fatigas además es alpinista y tiene las manos mas grandes que he visto en mi vida y su fuerza es descomunal de modo que para evitar situaciones desagradables no le recomiendo el contacto físico al menos inicialmente. 
Además él tiene otra ventaja, es de un pueblo de 40 habitantes en la Cataluña profunda en el que hablan una lengua extraña, mitad catalán mitad castellano, habla con la boca muy cerrada y los dientes apretados, por lo que es imposible entenderlo si no conoces la jerga.

-¿Em pots fer une probe de com se fa?
-Dime la chica con la que gustaría bailar.

Señaló una rubia sonriente de proporciones áureas, que venía en compañía de sus amigas. Fui hacia ella, María. Al cabo de un minuto ya estaba bailando con ella y él con una amiga suya, le había dicho que era un ruso podrido de dinero, para disimular ese catalán tan cerrado, nadie se dio cuenta porque aparte de sus dificultades de dicción es parco en palabras.
Mis competencias en el trabajo han mejorado considerablemente a pesar de que soy un incompetente social, mi amigo se ha trasladado a Barcelona.



Invité a cenar a María, la chica con la que bailé por primera vez después de 20 intentos fallidos en otras tantas veces, pero parece ser que ya me conocía de vista, práctica Triatlón y la técnica del tirón 'descoyuntador' parece ser que le iba muy bien para estirar la espalda después de un buen entreno, de ahí sus anteriores rehusos al baile, esperando siempre ese 'agradable' estirón relajante.

lunes, 10 de abril de 2017

Maldita bici

Despues de pasar toda la mañana en la playa, cogiendo conchas, haciendo snorkel hasta agotarnos y recuperando la temperatura robada por el agua cristalina, retozando entre la blanca arena producto del nácar molido, horas juntos que pasaban volando hasta la hora de comer.

Otras veces saltabamos desde las rocas en trampolines improvisados, siempre se tiraba ella primero y se reía mientras me lo pensaba

-¡Vamos gallina! 

Luego por la tarde nos juntábamos con nuestros hermanos respectivos y jugábamos al tenis en una pista de hierba improvisada con dos cuerdas atadas a dos árboles, al final siempre con una excusa, ella saltaba la cuerda y empezaba una falsa discusión una excusa para colgarse al cuello y hacer con su peso que los dos rodasemos entre la hierba y las flores silvestres, notaba que el contacto con su cuerpo me excitaba, entonces me azoraba y echaba atrás, entonces explotaban sus risas y me apretaba mas.   



La rutina siempre era la misma, antes de ponerse el sol me pedía que la llevase en bici a su apartamento, cosa que por un lado me encantaba pero por otro odiaba por sus peligrosas ocurrencias, se sentaba delante en el manillar o en la barra con las 2 piernas hacia fuera y se cogía a mis antebrazos, pero luego se soltaba y extendía los brazos en cruz y se ponía a gritar:

- ¡Mira como el Titanic, soy la Winslet!
- ¡Igualita, pero cógete al manillar anda que nos vamos a estampar!

Entonces ibamos descontrolados sin ningún tipo de equilibrio hasta que decidía volverse a coger al manillar e ibamos hablando despreocupados, de repente me decía:

- ¿Venga no puedes ir mas rápido? ¿Quieres que pedalee yo?

Yo caía en la trampa y aceleraba, entonces ella se reclinaba sobre el pecho y apoyaba su cara sobre mi pecho y yo no podía disimular la fuerza de mi respiración, mitad por el esfuerzo, mitad por su espalda apoyada sobre mi tórax. Ella me miraba de lado encendía sus ojos azules y ponía su sonrisa mas pícara .

- ¿Por qué resoplas así acaso te gusto un poquito?
- No te creas me gustas lo normal, lo que pasa es que pesas mucho. 

Entonces se callaba enigmáticamente pero yo sabía que estaba totalmente picada. Aquella soleada tarde de agosto era especialmente calurosa y mi camiseta enseguida se empapó por el sudor.
Me miró desde su posición y bajando la voz me dijo.

- Estas muy sudado ¡Quítate la camiseta anda! que me da asco tu sudor y estás mojando la mía.

Ella llevaba una camiseta negra como siempre, con mi sudor se la había mojado también. Pero me di cuenta de una cosa, ella también respiraba con dificultad y cosa curiosa parecía concentrada no sonreía como siempre.

Paramos entre unos árboles, me quité la camiseta y ella dobló cuidadosamente la suya y la puso las dos debajo de su trasero, era la primera vez que la veía con sujetador, (negro por supuesto).

Me pidió ir por el camino de tierra para no cruzarnos con nadie y esta vez subió sus antebrazos hasta mi cuello, ahora con su espalda desnuda sobre mi pecho mi corazón batía como un tambor y notaba como su mejilla apoyada entre mis hombros se movía rítmicamente al compás de mis latidos, mi aliento ahora incontrolado se dirigía contra su melena rubia que se movía acompasadamente, ella aún se apretaba más y sus dedos se estrechaban en mi cuello.

No podía pedalear en aquel estado y la verdad es que ella mas bien dificultaba el proceso.
Sudoroso pedaleando, las piernas como un molinillo que no nos hacían movernos de dónde estábamos... 

Pero esta vez ella no me recriminó la velocidad, yo veía como sus pechos se movían al compás de nuestras respiraciones y como constantemente se acomodaba en la barra con una especie de contracciones, como si no estuviera cómoda.

- Para por favor que me voy a caer.



Paramos la bici, pero ella no me soltó se giró y tal como estaba me abrazó, buscando mi boca yo la abracé con fuerza y ella hizo como siempre se colgó de mi cuello y subió las piernas hasta que caímos los dos redondos pero esta vez, sus manos fueron a buscar mi pantalón, yo estaba horrorizado porque con toda la situación se descubriría que bajo el mismo yo tenía un cañón que me apuntaba a la cabeza y me daba vergüenza que ella viera que ella con un simple contacto podía dejarme con aquel instrumento en aquel estado.

Pero no hubo burlas, mas bien sorpresa acarició suavemente mi polla sin dejar de mirarla, como hipnotizada ahuecaba la mano para hacerse una idea de su tamaño sin apretarla, lo cual me hacía enloquecer.

- ¿Me dejarías probarla a mi?
- Si, pero yo primero quiero ver tus tetas.
- Vale

Obedeció, se sacó el sujetador y dos hermosas tetas blancas con unos pezoncitos rosados se asomaron al exterior como un resorte, contrastando con el moreno tostado de su piel, las acaricié también muy suavemente y besé aquellos pezones que se estremecían con el contacto de mi lengua.
Ella acercó su cara a mis ingles y apoyó su mejilla en mi muslo, poco a poco fue acercando sus labios hasta que el glande totalmente granate a punto de explotar y sumido en un tembleque constante sentía el alivio de aquella lengua tan dulce que se paseó por su punta su saliva y sus caricias superficiales me hacían enloquecer, hasta que la engulló con lujuria y pude disfrutar de todas las emociones nerviosas que me proporcionaron sus labios carnosos.

Ella temblaba también cuando bajé sus pantalones, sus bragas estaban inundadas, note el calor de su excitación sobre mi cara cuando la acerque entre sus muslos y le devolví la crueldad de sus caricias, hasta que las contracciones le levantaban la espalda del suelo y presionaban los muslos sobre si mismos como si quisieran atrapar algo.

- ¡Acariciamhhehe e ahhhí porffhffhfa!
- ¿Eighht?

No la entendí, ella no podía articular palabra quise contestar pero yo tampoco pude hablar, cuando intentaba hablar me salía un quejido.

Cada vez que la acariciaba sus jadeos se aceleraban mas y se volvían mas profundos lo cuál me excitaba en un círculo virtuoso cuyo final no podía imaginar, provocaba que mi pene se hinchara al ritmo de los latidos de tal forma que me daba la sensación que nunca lo había visto así y al final explotaría.

Luego me abrí paso entre sus muslos, apuntando aquel grueso cañón haciéndose paso en su cueva temblorosa que se iba abriendo obediente en cada embate, hasta que me noté dentro de aquel cuerpo maravilloso que se retorcía a cada movimiento que yo daba como una coreografía estudiada milimetricamente e hicimos el amor por primera vez bajo la sombra de aquel árbol.

Volvimos andando .... apenas podíamos mantenernos de pié por lo tanto quedó descartado subir en aquella bici infernal. Tampoco pude olvidar aquella tarde en mucho tiempo. 

sábado, 1 de abril de 2017

-¿Te puedo pedir un favor? 
Siempre tenía una sonrisa.
- Sabes que si.
- Me gustaría que me llevases a dar de comer a las palomas.

Allí estaban ellas tranquilas como guijarros blancos sobre el suelo polvoriento, la plaza alegre con el sonido cristalino del agua gorgoteando de la fuente central, paseaba entre ellas y les iba echando migas de pan una a una, volaban agradecidas, su sonrisa demostraba felicidad con esta actividad tan simple de alguna forma me contagiaba esta felicidad.

De entre las mesas apareció imponente Daniela, la mujer mas guapa del mundo ( o lo que ella creía), se quedó mirando de hito en hito, como desplazaba la silla de ruedas con una sonrisa.
No podía imaginar que con la indiferencia con la que la trataba, tuviera sentimientos de algún tipo y esto la desmontaba totalmente, preferir estar dando comida a las palomas en lugar de entre sus brazos no entraba en su mente, acostumbrada como estaba a hacer doblegar las voluntades de cualquier tipo de hombre.

Se me acercó y con la voz mas sensual y despectiva jamás emitida dijo:


- ¡Que excusa mas tonta, si querías verme no hacía falta que montaras el número de las palomas! 

- Pero ¿qué dices? ¡No te conozco de nada!

- Claro que me conoces no disimules, además te has embadurnado de colonia para que me fije en ti.

El hombre de la silla de ruedas protestó:

- ¡Eh que estoy aquí abajo! El de la colonia soy yo y yo si que te conozco.

Ella estaba totalmente azorada, había debido toparse con el único hombre inmune a su belleza.

Lo que no sabía Daniela era que he aprendido a controlar la libido hasta aspectos insospechados, mi fragilidad ante las decepciones así lo aconseja, la solución es simple basta mirar el interior, de modo que todo tipo de lenguaje corporal y apariencia sensual quedan anulados.

Ahora se habían cambiado los papeles, es decir podía pensar con la cabeza al margen del deseo, de igual a igual. Ella se sintió por primera vez en su vida 'poca cosa', ni siquiera le dieron la placentera opción a negarse a otra cita o facilitar el número del móvil. Simplemente se despidieron con una sonrisa para seguir alimentando las palomas.

En aquel parque habían puesto en una mesa unas hojas de papel para anotar los 'e-mails', para recibir instrucciones para manifestarse sobre la tala inminente  de unos árboles centenarios. Nadie se dio cuenta del fogonazo de un flash.

Al cabo de unos días varias personas recibieron un e-mail de una tal daniela***@*mail.com:

Hola soy la petarda del otro día en el parque. No se quién eres tu de los 127 correos. He venido cada día pero tu no estabas, me encantaría quedar para dar de comer a las palomas. He aprendido la lección.  

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